No es lógico que, sin hacer
prácticamente nada, el Betis
encontrara cinco
oportunidades clarísimas de
adelantarse en el marcador
-tres tiros al palo
incluidos- y que el Madrid,
desenchufado por vocación,
atara su victoria con dos
goles en los últimos 20
minutos. Y, sin embargo,
sucede en un montón de
partidos.
Este Real
Madrid, líder de Primera,
divaga sin argumentos
sólidos, se atora en cuanto
le colocan una mínima
difícultad y logra extraer,
si se siente obligado, su
casta. Sumada a la calidad
individual, da para salvar
la papeleta.
No
alcanza para divertir, ni
para retozar en la
excelencia, pero es pecado
discutirle nada a quien va
de líder. Aunque aburra a la
parroquia y dé la impresión
de que lo hace por ahorrar,
no por incapacidad.
El Betis
no ahorra, trabaja con el
miedo en la mochila. Trabaja
oculto, sin que se le note
nada en especial. Al Madrid
lo tuvo en dificultad
prácticamente sin
proponérselo: cero
delanteros, tres hombres
presionando en la divisoria
y algo de tensión defensiva.

La
tediosa función comenzó con
amagos de vivacidad,
provocados por las
incorporaciones de Miguel
Torres, el repescado, y su
conexión con Higuaín y Raúl,
el que siempre busca y a
veces encuentra por pura
tozudez.
Pasados
tres remates del '7' -dos
consecutivos desde fuera del
área- el partido se paró.
Andaba el Madrid y el Betis
no corría. Sin embargo,
avanzaba.
Los de
Cúper soñaron con clavar la
bandera del empate. Un 0-0
en el Bernabéu es un 'ochomil'
para el plantel sevillano.
Rozó una cota más alta,
simplemente por estar en el
campo mientras el Real iba
de campo, que no es lo
mismo.
Acabó la
primera parte con cero
goles, varios errores de
Casillas y un cabezazo al
poste de Rivas, poco después
de que entre Edu y Marc
González fallaran en una
misma jugada un gol cantado.
El
partido concluyó con dos
palos y varios remates
horrorosos del Betis, un
penalti transformado por
Raúl y un golazo de Batista
para el Madrid.
Lo mejor
que le salió Schuster fue
cambiar cromos. Robinho
movilizó el flanco derecho
rellenándolo de finas
'bicicletas'. Y cuando
salió, Batista sepultó al
Betis con su chilenazo.