Temporada 2007-08   

Real Madrid 4 - Barcelona 1

 

07/MAYO/2008

LOS BLANCOS CELEBRAN EL TÍTULO CON UN FESTÍN ANTE SU VÍCTIMA PREDILECTA

El campeón prolonga la pesadilla culé

 

El partido admite dos lecturas, y, aunque parezcan incompatibles, las dos son ciertas. La primera: pocas veces se ha visto tanta diferencia entre un equipo y otro en un clásico. Pasadas unas horas, tras el subidón -si es que no lo están haciendo ya-, muchos madridistas se estarán tirando de los pelos ante la oportunidad perdida. Porque le metieron cuatro al Barça, pero le pudieron meter un saco.

Segunda lectura: Pérez Burrull fue decisivo en la victoria blanca. El árbitro se equivocó en los dos primeros goles del Madrid: no pitó falta de Guti a Márquez en el primero y picó ante el piscinazo de Ramos en la falta que dio origen al segundo. Hasta el penalti de Puyol pareció demasiado castigo para el gesto del capitán azulgrana, aunque mano hubo. Al menos, esa acción fue interpretable; las dos primeras, no.

Ahora bien, mal harían los barcelonistas en quedarse en esta segunda versión, recurrir a un rancio victimismo, y obviar la primera. Repetimos: el Madrid pudo humillar al Barcelona, que salió al Bernabéu derrotado, rendido, entregado. Parece mentira que, hace apenas dos años, el mismo equipo saliera ovacionado de Chamartín. Bueno, casi el mismo. En él jugaban un tal Ronaldinho, un tal Etoo, un tal Deco… Además, faltaban Iniesta y Milito. Pero, ante todo, lo que faltó fue actitud, fe, ganas. De hecho, el Barça era el único que se jugaba algo tangible (más allá del honor) en el partido. Tras la derrota, ya no podrá ser segundo, y cumplirá la condena de la fase previa de la Champions. A lo mejor les toca Cracovia; seguro a los blancos les suena.

La falta de espíritu azulgrana es especialmente sangrante en la comparación con el Madrid, pues a los blancos les sobra hambre y actitud, autoestima. Para no desairar a su gente, que seguía con ganas de jarana, o simplemente por darse el gustazo, los blancos salieron firmes. El Barça apenas la había tocado cuando Raúl pescó un balón suelto y la puso con sutileza junto al palo derecho de Valdés, que por entonces ya había dejado un par de detalles inquietantes (y más que llegarían, como un absurdo roce con Marcelo). Poco después, Robben, que no es precisamente Hrubesch, cabeceó solo a la red la falta con la que Pérez Burrull castigó una caída de Ramos ante Touré. Tan cierto es que no hubo infracción como que la zaga azulgrana dimitió en pleno de sus funciones. Zambrotta puede dar fe.

 

 

Un 4-2-4 suicida

Frank Rijkaard, de perdidos al río, se la jugó. Quitó a Gudjohnsen y sacó a Giovani. Messi dejó la banda derecha y se situó de enganche. El problema es que la media azulgrana quedaba limitada a dos hombres, y sólo uno (Touré), sabía destruir. De manera que el centro del campo del Bernabéu se convirtió en una especie de súper autopista alemana para el Madrid: ocho carriles por sentido y sin límite de velocidad. Guti y Sneijder pusieron los caballos. Al final del primer su tiempo, su tacómetro indicaba catorce llegadas al área rival.

Al final del partido serían más de treinta. En la pesadilla azulgrana, Sylvinho, que dio algo de orden a la zaga y puso un balón de gol a Bojan, se rompió en catorce minutos. Para dar un giro surrealista a la situación, Diarrà se convirtió en el mejor jugador sobre el campo. Al final resulta que sí, que va a ser él, el mismo del Lyon. El malí robó, repartió (hasta balones de 30 metros, y hacia adelante), chutó con intención y, en el culmen de su despliegue, se internó por la derecha a lo Luis Figo y asistió a Higuaín, el hombre de los goles de oro. Schuster no quiso abusar y retiró a Raúl y Guti, pero ahí estaba el inefable Pérez Burrull, que convirtió en penalti unas manos de Puyol, tan claras como necesarias para evitar un buen pelotazo en la nariz. Van Nistelrooy, que volvía a jugar tras su operación, imitaba al ‘Pipita’ (primer balón y gol), y enardecía a la grada, que exigía la ‘manita’ para completar el banquete. La tuvo ‘Van Gol’, pero Valdés, que se dejó el Zamora en Madrid y salió muy perjudicado en el cara a cara con Casillas, evitó el delirio de Chamartín, que de todas formas saboreó una gran noche.

Los últimos diez minutos fueron un tenue rayo de luz en la tenebrosa noche azulgrana. Cierto es que los medios blancos, hartos de devorar kilómetros, empezaron a ir al trote, pero la aparición de Leo Messi recordó a los culés que hay base sobre la que asentar el futuro. Aunque llegó muy tarde a la cita (demasiado para lo que se supone a un tipo de su jerarquía) y el eterno Casillas le amargó un par de intentos, supo habilitar a Henry, que hizo uso del set de maquillaje con oficio. El partido acabó con una roja a Xavi que retrató la frustración de los azulgrana, desquiciados por el arbitraje pero, sobre todo, por un rival que, en apenas dos años, le ha recortado varios cuerpos de ventaja y le ha bajado del trono a sopapo limpio, a veces -más de las que se reconoce, por cierto- con fútbol, pero siempre con actitud, carácter y orgullo. Vamos, la marca de la casa blanca. De toda la vida.

 

Ficha del partido

Alineaciones

Real Madrid: Casillas, Ramos, Pepe, Heinze, Marcelo, Diarra, Gago, Guti (71'), Sneijder, Raúl (75'), Robben (60'), Dudek, Torres, Drenthe, Baptista, Higuaín (60'), Robinho (71'), Van Nistel. (75').

Barcelona: Valdés, Zambrotta, Márquez (46'), Puyol, Abidal, Touré, Xavi, Gudjohns. (23'), Messi, Bojan, Henry, Pinto, Sylvinho (46'), Oleguer, Thuram, Edmilson (59'), Ezquerro, Giovani (23').

Goles

1-0 (12'): Raúl, con la izquierda, desde la frontal.

2-0 (20'): Robben cabecea una falta botada por Guti.

3-0 (62'): Higuaín, con la zurda, tras pase de Diarra.

 4-0 (77'): Van Nistelrooy, la derecha, de penalti. 4-1 (86'): Henry, con la derecha, tras pase de Messi.

 

Árbitro
foto
Pérez Burrull
Colegio Cántabro - 1965

Expulsó por doble amarilla a Xavi (76' y 91'). Amonestó a Touré (19'), Márquez (38'), Sneijder (40'), Henry (49'), Víctor Valdés (57'), Heinze (82') y Pepe (90').
 

Incidencias

Santiago Bernabéu. Lleno. 82.000 espectadores.

 

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